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	<title>David Canós &#187; paranoia</title>
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	<description>WebBlog Personal de David Canós. Anotaciones personales.</description>
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		<title>Una mirada recíproca</title>
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		<pubDate>Thu, 27 May 2010 22:35:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>canos</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[paranoia]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Dibujaba algo en una servilleta mientras le servían un cortado largo de leche. Su mirada parecía perdida y anclada en algo que sólo ella era capaz ver. Eran las 7:30 de la mañana, y bajo mi punto de vista estaba demasiado despierta para andar haciendo dibujos subliminales de trazos largos y rápidos.  Ahí seguía el café, intacto desde que el camarero lo dejó sobre la mesa, sin azúcar todavía.<span id="more-86"></span></p>
<p>Estaba claro que no esperaba a nadie: no había mirado ni una sola vez al reloj, ni había asomado la mirada hacia un lado y hacia al otro. Estaba completamente sola y así iba a continuar al menos hasta que saliera de allí rumbo a cualquier otro lugar.</p>
<p>Tenía la cara pálida, blanca, lo que aumentaba enormemente el efecto de la sombra de ojos de la noche anterior, o de la anterior a esa. No tenía ningún otro maquillaje, ni ningún otro cuidado estético que se pudiera agradecer a simple vista. Sin embargo, su atractivo natural me tenía cautivo.</p>
<p>Estaba en la más absoluta quietud, no se le apreciaba ni el parpadeo. El tiempo se había parado hacía un rato. Tampoco reflejaban ira esos ojos hundidos y cercados. Qué tipo de recuerdo es aquél que no te hace llorar, ni reir, ni tragar saliva, ni mirar al horizonte, ni tan siquiera gesticular. Estoy seguro que sus preciosos oasis negros permanecían clavados en un recuerdo, seguramente a sus veinti-pocos, anoche fue la primera vez que, incauta, descubrió que los cuentos de príncipes y princesas acaban bien sólo si acaban entre abogados.</p>
<p>No sé cuanto habrá pasado desde que la observo, he perdido la noción del tiempo, no me detengo ni a mirar el reloj, ¿qué reloj? si yo nunca llevo. ¡¿Qué me pasa?! Permanezco oculto en la distancia, eso me tranquiliza, pero no puedo dejar de mirarte, embriagadora juventud. El café que pedí, hace ya rato que lo trajeron y seguramente ya se enfrió, estoy impertérrito. Presa mi mirada, preso yo, preso de ti, reo de ti.</p>
<p>Cuando volví en mi, la mesa que sostenía mis codos también sostenía una servilleta, en ella, un boli había trazado la figura de mi cuerpo fósil, congelado, inerme sobre la mesa de un bar, preso del sortilegio de sus ojos y desatendiendo a un café, el único que todavía me hacía compañía.</p>
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		<title>Él lo sabía todo</title>
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		<pubDate>Mon, 02 Nov 2009 23:29:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>canos</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[distopía]]></category>
		<category><![CDATA[ficción]]></category>
		<category><![CDATA[paranoia]]></category>
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		<description><![CDATA[De repente me di cuenta de que él lo sabía todo de mi. Me di cuenta de casualidad, me miró el DNI con insistencia, tardó demasiado en devolvérmelo, sus ojos se habían clavado en mi foto. Ya de algunos años, &#8230; <a href="http://www.david-canos.net/2009/11/03/el-lo-sabia-todo/">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>De repente me di cuenta de que él lo sabía todo de mi.</p>
<p>Me di cuenta de casualidad, me miró el DNI con insistencia, tardó demasiado en devolvérmelo, sus ojos se habían clavado en mi foto. Ya de algunos años, por cierto, de cuando tenía el pelo largo, barba de dos días y era más rebelde. Cuando me lo devolvió, me miró a los ojos y en el intercambio de miradas él desvió la suya con disimulo y sonrió. Cualquiera se hubiera sentido tan espiado como me sentí yo en ese preciso instante.<span id="more-61"></span> Mi nombre, mi número de identidad, en el anverso mi dirección actual, mi fecha de nacimiento, mi lugar de origen y hasta el nombre de mis padres. Quien sabe si cualquier otro día había podido ocuparse de la información de esa cara. Está claro que hoy se había centrado en la cara de la foto.</p>
<p>Es increíble, regento ese supermercado todos los martes y jueves, desde hace muchos meses, seguro que años ya, siempre a las 21:00, me gusta llegar cuando cierran, aunque esté en casa tocándome los pies. Siempre me atiende él, siempre tan atento, me saluda y me ayuda a poner mi comida en sus bolsas de plástico.</p>
<p>Cómo ha podido esta situación pasar desapercibida tanto tiempo ante mis ojos.  Hoy me ha fijado de verdad, no ha quitado la vista en ningún momento de los productos que compro. Seguro qué hace cábalas para saber si me gusta más la comida mediterránea o los congelados&#8230; La verdad es que siempre compro lo mismo, más o menos cada semana compro lo mismo. Me gusta cenar ensaladas, compro queso de varios tipos, lechuga, rúcula, canónigos, pepino y tomate. Llevo años así, una botella de aceite virgen extra al mes y una de vinagre de módena cada dos. El martes no compro bebida y el jueves una botella de vino, siempre de no más de 5 euros. Nada de congelados, nada de conservas y algo de fruta. Creo que durante todo este tiempo ha podido hacerse una idea de mis gustos culinarios perfectamente, seguro que cuando me acerco a la caja, se pregunta, &#8220;¿hoy le tocará de canónigos, pasas y bacon o de tomate y pepino?&#8221;. No compro para más de cinco días, no sea que se me haga malo.</p>
<p>A juzgar por mi lista de la compra, es fácil deducir mi higiene, de eso no tengo nada que arrepentirme. Cambio de cepillo de dientes cada mes y medio y no me gusta comprar productos de limpieza que &#8220;valen para todo&#8221;, me gusta uno para el baño, otro para el mueble de madera, otro para el cristal, para la encimera y <em>kanfor </em>para los zapatos de dos colores.</p>
<p>Además, ahora que lo pienso, conoce alguna de mis excentricidades más privadas, compro papel higiénico aromatizado y una pastilla de chocolate puro 80% cuando hace muy mal tiempo.</p>
<p>Los martes, voy directo desde el trabajo, el portátil me delata, seguro que piensa que no tengo vida llegando a esas horas a casa desde el trabajo, no sé si lo he dicho pero la hora de comprar siempre son las 21:00. La corbata con el nudo ensanchado y la camisa sin el primer botón abrochado muestran una vida dedicada al trabajo de oficina y al estrés. Además, menuda imagen con el portátil colgado del hombro y varias bolsas en la otra mano. Los martes es el día que más cargo.</p>
<p>De mi vida sentimental también estará al corriente, jamás he pisado el supermercado con otra persona que no sea yo mismo. Si llevo muchas bolsas no me acompañan los hijos que no tengo, ni la pareja que tampoco tengo. Ni ato al perro en la puerta porque tampoco tengo perro. Nunca me ha visto comprar caprichos de placer, ni tartas de cumpleaños, ni velas.</p>
<p>Qué hipócrita es este mundo que me rodea que me ha desnudado en el silencio frente a un desconocido del que no conozco ni su nombre, y eso que lo pone en la chapita, pero nunca me fijo. Él sin embargo, sabe hasta el de mis padres.</p>
<p>Estoy esperando que llegue el jueves, pagaré con tarjeta, como siempre, pero esta vez no le daré el DNI, me esperaré, a ver si me lo pide. Si no me lo pide, estaré en lo cierto, no le hace falta ya mi DNI, ya lo sabe todo de mi. Si me lo pide, me volveré a sentir espiado, volverá a releer mi nombre a comparar mis antecedentes, pelo largo, barba de dos días&#8230;</p>
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